Cuando cae una hoja, cuando sopla ese viento frío que trae, en recuerdo, tu risa entera.
Aunque sabiendo ya que no hay mas dos o tres o mil, es la presión de esa costumbre que obliga a extrañar entre distancias. Y hace buscar, trae pensamientos oscuros y mientras tanto uno acá, regalado a una invitación de caer barranca abajo. Esta vez, sin obstáculos.
¿Porqué subir cuesta tanto?..y cerrando los ojos te vez de nuevo ahí, en el mismo punto de partida. De vuelta al juego, de nuevo sola. Pero, aunque ya nublado, vamos encerrando la poca fuerza. Secas tus ojos que terminan de despedir su última lágrima.. a empezar.
Despacio, y todavía confundida, das el primer paso indefinido. Ya más seguro, avanzas con el segundo (quizá más fuerte) y sentís como se van quemando páginas del pasado. Es como si lentamente un dulce alivio te permitiera respirar y ver con más claridad.
Ahora, sabés que podés caerte y te va a doler. En ese punto tantos son los vencidos, que para ser original decidiste cerrar el negocio que lástima para abrirte a un nuevo camino. Y aunque trastabillás, un simple tropezón no es caída.
En ese momento aprendió tantas cosas. Pero sobre todo, a pesar de que las caídas se repitan, siempre va a haber tiempo libre para pensar, ponerse de pie, aprender de los errores. Y, algo más importante, empezar de nuevo.
lunes, 2 de julio de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)