La liberaron de sus cadenas y la obligaron o ponerse de pie, a volver la cabeza, a caminar, a mirar la luz. Todos esos movimientos le causaron dolor y el deslumbramiento le impidió distinguir los sentimientos reales.
¿Qué habría de responder, si le dijeran que momentos antes solo sentía en vano y que ahora, más cerca de la realidad y vuelta la mirada hacia sentimientos reales tiene una visión verdadera?
Supongamos, también, que al demostrarle cada uno de esos sentimientos reales se la obligara a responder que significaban.
¿No crees que quedaría perpleja y que aquello que antes sentía habría de parecerle más verdadero que lo que ahora siente?
domingo, 24 de junio de 2007
martes, 5 de junio de 2007
Duro porque llego.
Al principio era igual que todo. Algo nuevo, pero en cualquier caso y forma, nada fuera de lo común. Solo se tornó quizá más complicado o duro cuando abrió los ojos y sintió la verdad en frente suyo. Abrió los ojos y se vio en un espacio nuevo.
No digo duro por culpar a alguien, si solo ella sabía en fin porque quizo llegar así. Mejor dicho, porque encontró tantas piedras en el río. El río claro y de olor a cristal. Ese río que ahora se siente como atravesar un muro sólido, con muchos frenos. Siempre por llegar. No se atormenta, ni apresura. A veces camina y siente miedo. Otras, no ve lo que se encuentra adelante. Solo camina. Caminar un camino llendo a pasos livianos, a huellas de humo.
Tanta lástima y odio. De a poco se desespera pensando como el tiempo se escurre entre sus manos, como de su vida, hizo un capítulo de imágenes grises. Imágenes de otoño.
Ahora decide no pensar. Cierra los ojos, intenta, aunque medio cansada ya, respirar profundo, y no lo logra. Se ahoga y se desespera.
Intenta no pensar ni construir el mañana, intenta no armar un después en su mente, no juega mucho con su magía. Y a pesar de todo, sin embargo, consciente del presente, cierra su mundo en un espejo quebrado, casi roto.
Duro porque llegó,
duro porque lo quizo.
No digo duro por culpar a alguien, si solo ella sabía en fin porque quizo llegar así. Mejor dicho, porque encontró tantas piedras en el río. El río claro y de olor a cristal. Ese río que ahora se siente como atravesar un muro sólido, con muchos frenos. Siempre por llegar. No se atormenta, ni apresura. A veces camina y siente miedo. Otras, no ve lo que se encuentra adelante. Solo camina. Caminar un camino llendo a pasos livianos, a huellas de humo.
Tanta lástima y odio. De a poco se desespera pensando como el tiempo se escurre entre sus manos, como de su vida, hizo un capítulo de imágenes grises. Imágenes de otoño.
Ahora decide no pensar. Cierra los ojos, intenta, aunque medio cansada ya, respirar profundo, y no lo logra. Se ahoga y se desespera.
Intenta no pensar ni construir el mañana, intenta no armar un después en su mente, no juega mucho con su magía. Y a pesar de todo, sin embargo, consciente del presente, cierra su mundo en un espejo quebrado, casi roto.
Duro porque llegó,
duro porque lo quizo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)