lunes, 2 de julio de 2007

Tres

Cuando cae una hoja, cuando sopla ese viento frío que trae, en recuerdo, tu risa entera.
Aunque sabiendo ya que no hay mas dos o tres o mil, es la presión de esa costumbre que obliga a extrañar entre distancias. Y hace buscar, trae pensamientos oscuros y mientras tanto uno acá, regalado a una invitación de caer barranca abajo. Esta vez, sin obstáculos.
¿Porqué subir cuesta tanto?..y cerrando los ojos te vez de nuevo ahí, en el mismo punto de partida. De vuelta al juego, de nuevo sola. Pero, aunque ya nublado, vamos encerrando la poca fuerza. Secas tus ojos que terminan de despedir su última lágrima.. a empezar.
Despacio, y todavía confundida, das el primer paso indefinido. Ya más seguro, avanzas con el segundo (quizá más fuerte) y sentís como se van quemando páginas del pasado. Es como si lentamente un dulce alivio te permitiera respirar y ver con más claridad.
Ahora, sabés que podés caerte y te va a doler. En ese punto tantos son los vencidos, que para ser original decidiste cerrar el negocio que lástima para abrirte a un nuevo camino. Y aunque trastabillás, un simple tropezón no es caída.
En ese momento aprendió tantas cosas. Pero sobre todo, a pesar de que las caídas se repitan, siempre va a haber tiempo libre para pensar, ponerse de pie, aprender de los errores. Y, algo más importante, empezar de nuevo.

domingo, 24 de junio de 2007

Dos

La liberaron de sus cadenas y la obligaron o ponerse de pie, a volver la cabeza, a caminar, a mirar la luz. Todos esos movimientos le causaron dolor y el deslumbramiento le impidió distinguir los sentimientos reales.
¿Qué habría de responder, si le dijeran que momentos antes solo sentía en vano y que ahora, más cerca de la realidad y vuelta la mirada hacia sentimientos reales tiene una visión verdadera?
Supongamos, también, que al demostrarle cada uno de esos sentimientos reales se la obligara a responder que significaban.
¿No crees que quedaría perpleja y que aquello que antes sentía habría de parecerle más verdadero que lo que ahora siente?

martes, 5 de junio de 2007

Duro porque llego.

Al principio era igual que todo. Algo nuevo, pero en cualquier caso y forma, nada fuera de lo común. Solo se tornó quizá más complicado o duro cuando abrió los ojos y sintió la verdad en frente suyo. Abrió los ojos y se vio en un espacio nuevo.
No digo duro por culpar a alguien, si solo ella sabía en fin porque quizo llegar así. Mejor dicho, porque encontró tantas piedras en el río. El río claro y de olor a cristal. Ese río que ahora se siente como atravesar un muro sólido, con muchos frenos. Siempre por llegar. No se atormenta, ni apresura. A veces camina y siente miedo. Otras, no ve lo que se encuentra adelante. Solo camina. Caminar un camino llendo a pasos livianos, a huellas de humo.
Tanta lástima y odio. De a poco se desespera pensando como el tiempo se escurre entre sus manos, como de su vida, hizo un capítulo de imágenes grises. Imágenes de otoño.
Ahora decide no pensar. Cierra los ojos, intenta, aunque medio cansada ya, respirar profundo, y no lo logra. Se ahoga y se desespera.
Intenta no pensar ni construir el mañana, intenta no armar un después en su mente, no juega mucho con su magía. Y a pesar de todo, sin embargo, consciente del presente, cierra su mundo en un espejo quebrado, casi roto.
Duro porque llegó,
duro porque lo quizo.