martes, 5 de junio de 2007

Duro porque llego.

Al principio era igual que todo. Algo nuevo, pero en cualquier caso y forma, nada fuera de lo común. Solo se tornó quizá más complicado o duro cuando abrió los ojos y sintió la verdad en frente suyo. Abrió los ojos y se vio en un espacio nuevo.
No digo duro por culpar a alguien, si solo ella sabía en fin porque quizo llegar así. Mejor dicho, porque encontró tantas piedras en el río. El río claro y de olor a cristal. Ese río que ahora se siente como atravesar un muro sólido, con muchos frenos. Siempre por llegar. No se atormenta, ni apresura. A veces camina y siente miedo. Otras, no ve lo que se encuentra adelante. Solo camina. Caminar un camino llendo a pasos livianos, a huellas de humo.
Tanta lástima y odio. De a poco se desespera pensando como el tiempo se escurre entre sus manos, como de su vida, hizo un capítulo de imágenes grises. Imágenes de otoño.
Ahora decide no pensar. Cierra los ojos, intenta, aunque medio cansada ya, respirar profundo, y no lo logra. Se ahoga y se desespera.
Intenta no pensar ni construir el mañana, intenta no armar un después en su mente, no juega mucho con su magía. Y a pesar de todo, sin embargo, consciente del presente, cierra su mundo en un espejo quebrado, casi roto.
Duro porque llegó,
duro porque lo quizo.

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